Educación popular


A modo de Editorial


Estamos de acuerdo con que la educación es considerada en este siglo XXI como la estrategia más valiosa y diferenciadora de las personas e instituciones que garantiza su permanencia en un mundo globalizado. Sin duda, una persona, institución u organización se mide hoy por el cúmulo de conocimientos aplicados en la solución de problemas, lo cual incluye de foma expresa e inexorablemente a la educación como el escenario natural para que tal promesa llegue a buen puerto.

Pero estamos de acuerdo también con que la educación ha sido asumida como estrategia de control social consecuente con la visión del mundo de cada época, gobernante e intereses. Con ligeras variaciones desde la Antigüedad hasta hoy, el acceso y manejo de la educación sigue siendo privilegio de pocos, y esta herencia se constituye aún en esa arma de contol antes indicada.

Por eso, cobra tanto valor en este aún nuevo milenio del siglo XXI aquellos procesos y esfuerzos que hagan de la educación y formación para la vida escenarios posibles para la sensibilización y la participación de las comunidades más necesitadas en la construcción de sus propio devenir histórico y futuro. La educación popular, entonces, juega tal rol protagónico: una educación desde la comunidad para la comunidad en la libertad de pensamiento, la democracia, la participación, respeto y conservación de la vida.

Formación, aprendizaje y ser sujetos sociales

Como equipo de trabajo abordamos la respuesta a la inquietud "¿Cuál es la relación entre la formación, el aprendizaje y ser sujetos sociales?" 


Para lo cual acudimos a Carlos Aldana Mendoza, quien en su obra Educación popular, nuestra, opción (1997) desarrolla la relación entre educación popular y política como acciones vinculantes y complementaria en todos los ámbitos de la actividad humana.

Con base en lo anterior, la educación popular es considerada como instrumento de paz, instrumento pedagógico-político focalizada en construcción y formación de bases ciudadanas en la participación política, ciudadana y comunitaria de cara a desarrollar y fortalecer el poder comunitario. Así las cosas, evidenciamos esa relación natural entre la formación, el aprendizaje y el ser sujeto social.

Adicional,  en el entendido de que el encuentro de la educación popular con la pedagogía considera la metodología y el rol del docente, hallamos relación directa en una formación para la vida y de sujetos sociales, políticos, participativos, respetuosos del orden y la democracia que construyen en los contextos y comunidades donde aplican prácticas de educación popular, inclusive, más allá de las aulas convencionales.

Referencias

Aldana Mendoza, C. (1997). Educación popular: nuestra opción. Ciudad de Guatemala: Pastoral Social, Oficina de Programas y Proyectos del Arzobispado de Guatemala.

Torres Carrillo, A. (s.f.). La educación popular: evolución creciente y desafíos. Red Académica; Universidad Pedagógica Nacional, s.n.

Instituto Centroamericano de Estudios Políticos, INCEP. (2002). Educación popular y los formadores políticos: cuadernos de formación para la práctica democrática nro. 3. Ciudad de Guatemala: Pastoral Social, Oficina de Programas y Proyectos del Arzobispado de Guatemala.

Freire, P. (s.f.). Pedagogía del oprimido. s.d.